Mujeres de Darfur
La notica recorrió algunos periódicos durante la semana pasada y más de un articulista decidió dedicarle una reflexión al tema. Uno de ellos fue Baltasar Porcel en La Vanguardia ayer domingo, día 17/06/07. El autor comentaba en su columna titulada "Unas chicas en Darfur" las palabras del cardenal Renato Martino y del Vaticano contra Amnistia Internacional y su firme apoyo al derecho de las mujeres y niñas a ejercer sus derechos sexuales y reproductivos sin sufrir amenazas, fuerza o coacción, derecho al que asocian el derecho al aborto en situaciones como los embarazos tras las masivas violaciones de mujeres y niñas de Darfur. El Vaticano afirmó, ante la postura de AI que iba a retirar su ayuda económica a la organización. AI se apresuró a aclarar que jamás habían aceptado fondos del Vaticano ni aceptaban dinero de ningún estado para llevar a cabo su trabajo.
Decía Porcel en su artículo "(...) firmemente convencido (el Papa) de que las mujeres africanas deben ser madres antes que seres libres, responsables, y tener acceso a toda felicidad posible, decreta que si han sido violadas por los soldados, como lo son a mansalva, deben parir pues así lo designa una concepción religiosa que niega su individualidad en aras de la procreación de las especies. Aunque esto les comporte que los suyos las desprecien por engendrar criaturas del enemigo y que por ello las echen a los caminos, al hambre y a todas las desgracias".
El escritor comentaba a continuación y siguiendo su reflexión que san Agustín ya dijo que la castidad era un virtud de la mente y no una mera condición corporal, con lo que "la lascivia de otro no puede mancharte" y añadía Porcel "O sea, que un soldado ebrio y asesino no puede ser el omnipotente amo que condene aún más a unas chicas que ya ha desgarrado en Darfur". Recomendaba a continuación a Joseph Ratzinger una relectura de "La ciudad de Dios", de Agustín de Hipona, ya que seguramente había olvidado sus antiguas palabras.
lunes, 18 de junio de 2007
Los buenos y los malos, según Lealtad
Como ha venido siendo habitual en los últimos meses y sobretodo durante la "crisis de Intervida", algunos medios de comunicación en vez de ayudar a la comprensión, al debate y en definitiva, ceñirse a la buena praxis del periodismo, han hecho todo lo contrario: sembrar el caos para luego ir aflojando las fauces amarillas clavadas en la yugular de la pretendida noticia a medida que el globo, también amarillo, iba perdiendo presión.
Aun así, leemos de nuevo una noticia publicada en El País el pasado día 15/06/07 donde dice que la Fundación Lealtad pide a la Administración un registro único y central de cuentas para las ONG, añadiendo "almenos las que reciben financiación pública".
¿Por qué piden eso? ¿Para qué? ¿Es que la Administración autonómica, por ejemplo, y sus subvenciones, son "menos" que las de un Ministerio? ¿Los controles que pone un municipio a sus entes subvencionados son de risa?
En primer lugar, la administración en España tiene varios niveles porque es así como se organiza como estado: autonomías, provincias, municipios, comarcas. Fundación Lealtad pide que este perfil se pulverice, que nos olvidemos de la Constitución y las leyes y el Derecho y todo porque "Existe una enorme cantidad de registros diferentes: municipales, autonómicos o estatales, y cada uno tiene unas normas distintas. Algunos permiten hacer públicos todos los datos de la organización, salvo las finanzas, y otros no permiten sacar los datos, que para examinarlos hay que ir a la sede del registro".
Avanzando en la noticia nos damos cuenta que Fundación Lealtad pide ese registro único para tener menos trabajo, ya que se nos anuncia que acaba de presentar su nueva Guía de de la Transparencia y las Buenas Prácticas de las ONG 2007, y ello les ha costado lo suyo porque han tenido que visitar muchos registros. Nadie les pidió que hicieran esa Guía, pero ya que la hacen, ¿por qué se quejan aunque les haya significado un montón de trabajo?
Pero vayamos al grano. En dicha Guía es donde se han reunido los datos de 117 ONG "transparentes", es decir, "buenas", porque han permitido una auditoría externa y que la Fundación Lealtad las examinara.
Y ahí viene la cuestión: ¿por qué en vez de publicar listas blancas y negras, la Fundación Lealtad no se preocupa de hacer honor a su nombre y se dedica de una vez a dedicar esfuerzos para que las ONG españolas sean cada vez más parecidas a las que mejor funcionan de Francia, Reino Unido, Suiza o Holanda?
Ni registros únicos ni "guías de la bondad", con el nihil obstat correspondiente, no servirán de nada en los años venideros en que los cambios en el mundo obligarán a muchas ONG españolas a renovarse o morir. La solidaridad con los que menos tienen y más sufren en el mundo no tiene nada que ver con que una ONG subsista a base de subvenciones estatales. ¿Por qué la Fundación Lealtad no plantea claramente que este es uno de los peores lastres de las ONG en este país? ¿Por qué tenemos que caer en los mismos errores una y otra vez? ¿Por qué no podemos aprender de los que ya han pasado antes por este mismo trecho? ¿Por qué perdemos el tiempo que no tenemos emulando al senador McCarthy? ¿En Darfur, en Perú, en la India, en el Congo, en Nigeria, en Somalia, en el Líbano... tienen que seguir esperando?
Como ha venido siendo habitual en los últimos meses y sobretodo durante la "crisis de Intervida", algunos medios de comunicación en vez de ayudar a la comprensión, al debate y en definitiva, ceñirse a la buena praxis del periodismo, han hecho todo lo contrario: sembrar el caos para luego ir aflojando las fauces amarillas clavadas en la yugular de la pretendida noticia a medida que el globo, también amarillo, iba perdiendo presión.
Aun así, leemos de nuevo una noticia publicada en El País el pasado día 15/06/07 donde dice que la Fundación Lealtad pide a la Administración un registro único y central de cuentas para las ONG, añadiendo "almenos las que reciben financiación pública".
¿Por qué piden eso? ¿Para qué? ¿Es que la Administración autonómica, por ejemplo, y sus subvenciones, son "menos" que las de un Ministerio? ¿Los controles que pone un municipio a sus entes subvencionados son de risa?
En primer lugar, la administración en España tiene varios niveles porque es así como se organiza como estado: autonomías, provincias, municipios, comarcas. Fundación Lealtad pide que este perfil se pulverice, que nos olvidemos de la Constitución y las leyes y el Derecho y todo porque "Existe una enorme cantidad de registros diferentes: municipales, autonómicos o estatales, y cada uno tiene unas normas distintas. Algunos permiten hacer públicos todos los datos de la organización, salvo las finanzas, y otros no permiten sacar los datos, que para examinarlos hay que ir a la sede del registro".
Avanzando en la noticia nos damos cuenta que Fundación Lealtad pide ese registro único para tener menos trabajo, ya que se nos anuncia que acaba de presentar su nueva Guía de de la Transparencia y las Buenas Prácticas de las ONG 2007, y ello les ha costado lo suyo porque han tenido que visitar muchos registros. Nadie les pidió que hicieran esa Guía, pero ya que la hacen, ¿por qué se quejan aunque les haya significado un montón de trabajo?
Pero vayamos al grano. En dicha Guía es donde se han reunido los datos de 117 ONG "transparentes", es decir, "buenas", porque han permitido una auditoría externa y que la Fundación Lealtad las examinara.
Y ahí viene la cuestión: ¿por qué en vez de publicar listas blancas y negras, la Fundación Lealtad no se preocupa de hacer honor a su nombre y se dedica de una vez a dedicar esfuerzos para que las ONG españolas sean cada vez más parecidas a las que mejor funcionan de Francia, Reino Unido, Suiza o Holanda?
Ni registros únicos ni "guías de la bondad", con el nihil obstat correspondiente, no servirán de nada en los años venideros en que los cambios en el mundo obligarán a muchas ONG españolas a renovarse o morir. La solidaridad con los que menos tienen y más sufren en el mundo no tiene nada que ver con que una ONG subsista a base de subvenciones estatales. ¿Por qué la Fundación Lealtad no plantea claramente que este es uno de los peores lastres de las ONG en este país? ¿Por qué tenemos que caer en los mismos errores una y otra vez? ¿Por qué no podemos aprender de los que ya han pasado antes por este mismo trecho? ¿Por qué perdemos el tiempo que no tenemos emulando al senador McCarthy? ¿En Darfur, en Perú, en la India, en el Congo, en Nigeria, en Somalia, en el Líbano... tienen que seguir esperando?
jueves, 14 de junio de 2007
Violencia contra los niños
El mismo día en que la juez ha ordenado el ingreso a prisión del padre de Claudia, la niña de Salou que se encuentra grave en el hospital tras sufrir malos tratos en su familia, se terminaba la instrucción del caso de Alba, la niña de Cerdanyola del Vallès que el año pasado conmocionó a toda Catalunya. En ese caso, su padre y su madre continúan en prisión preventina hasta que se celebre la vista, acusados de maltratar a su hija hasta casi matarla. La cadena de fallos ocurridos en las instancias públicas responsables en el caso de Alba puso por fin un poco de alarma entre los ciudadanos con lo que las autoridades tuvieron que responder. Así, se estableció una serie de medidas mucho más severas, y por tanto, más adecuadas para detectar y denunciar el maltrato infantil por parte de los médicos que atienden a niños que llegan a los hospitales con hemotomas, traumatismos, cortes, quemaduras, etc.
Pero lamentablemente, cada vez que un caso de estos desaparece de la portada de los medios de comunicación, poco a poco lo vamos olvidando. Si actualmente existe alarma social por las muertes debidas a la violencia doméstica que tiene como víctimas a las mujeres, -cosa que ha derivado en la creación de una legislación y tribunales específicos- en el caso de la violencia contra la infancia la sensibilidad de todos está dormida. Y el tema es absolutamente grave y urgente.
Los estudios elaborados por la Unicef el año pasado sobre la violencia que sufren los niños en el mundo destacan que este tipo de agresiones -que incluyen malos tratos, abusos sexuales, explotación por trabajo, etc.- las sufren los niños de todo el planeta, aunque señalan que por motivo de género, origen y situación de pobreza, hay niños con más riesgo a sufrir algun tipo de violencia. El informe constata que existe muy poca información y datos fiables para poder asignar recursos suficientes para paliar el problema. Señala asimismo que los compromisos suscritos por los estados no se traducen en medidas concretas. Lo injustificable de cualqueir tipo de violencia es, en el caso de la infacia, flagrante.
Pero para dar algunos números espeluznantes: Unicef dice que en el 2002 150 millones de niñas y 73 millones de niños sufrieron abusos sexuales.
Falta sensibilizar a la sociedad y falta colocar antenas en todos los lugares donde la violencia contra un niño se puede producir. Los estados, que tienen el mandato de proteger los derechos fundamentales de sus ciudadanos y más a los más débiles, no están actuando en consecuencia. En el estado español nunca jamás hemos vista campaña alguna como las de la Dirección General de Tráfico que hablen de erradicar la violencia contra los niños. Otra vez el trabajo de las ONG resultará vital. Pero no hay mucho tiempo que perder. En la actualidad, en nuestro país, la campaña de Intervida a favor de las Víctimas de la Explotación Sexual Infantil continúa aunque la ONG no pasa por su mejor momento.
Pero faltan muchas más campañas, mucha más presencia en los medios.
A nivel internacional resultan elogiosos los esfuerzos llevados a cabo por la ONG Women's World Summit Foundation que reparte sus esfuerzos entre mujeres y niños. En noviembre del año pasado presentaron el "Centro de Distribución e información para la prevención del Abuso y la Violencia contra los niños", un centro que funciona en la red. Asmismo, junto con más de 700 ONG de todo el mundo, la WWSF estableció hace seis años el 19 de noviembre como el Día Mundial para la Prevención del Abuso contra los Niños, fecha colindante en el calendario con el 20 de noviembre, Día Internacional de los Derechos del Niño.
El mismo día en que la juez ha ordenado el ingreso a prisión del padre de Claudia, la niña de Salou que se encuentra grave en el hospital tras sufrir malos tratos en su familia, se terminaba la instrucción del caso de Alba, la niña de Cerdanyola del Vallès que el año pasado conmocionó a toda Catalunya. En ese caso, su padre y su madre continúan en prisión preventina hasta que se celebre la vista, acusados de maltratar a su hija hasta casi matarla. La cadena de fallos ocurridos en las instancias públicas responsables en el caso de Alba puso por fin un poco de alarma entre los ciudadanos con lo que las autoridades tuvieron que responder. Así, se estableció una serie de medidas mucho más severas, y por tanto, más adecuadas para detectar y denunciar el maltrato infantil por parte de los médicos que atienden a niños que llegan a los hospitales con hemotomas, traumatismos, cortes, quemaduras, etc.
Pero lamentablemente, cada vez que un caso de estos desaparece de la portada de los medios de comunicación, poco a poco lo vamos olvidando. Si actualmente existe alarma social por las muertes debidas a la violencia doméstica que tiene como víctimas a las mujeres, -cosa que ha derivado en la creación de una legislación y tribunales específicos- en el caso de la violencia contra la infancia la sensibilidad de todos está dormida. Y el tema es absolutamente grave y urgente.
Los estudios elaborados por la Unicef el año pasado sobre la violencia que sufren los niños en el mundo destacan que este tipo de agresiones -que incluyen malos tratos, abusos sexuales, explotación por trabajo, etc.- las sufren los niños de todo el planeta, aunque señalan que por motivo de género, origen y situación de pobreza, hay niños con más riesgo a sufrir algun tipo de violencia. El informe constata que existe muy poca información y datos fiables para poder asignar recursos suficientes para paliar el problema. Señala asimismo que los compromisos suscritos por los estados no se traducen en medidas concretas. Lo injustificable de cualqueir tipo de violencia es, en el caso de la infacia, flagrante.
Pero para dar algunos números espeluznantes: Unicef dice que en el 2002 150 millones de niñas y 73 millones de niños sufrieron abusos sexuales.
Falta sensibilizar a la sociedad y falta colocar antenas en todos los lugares donde la violencia contra un niño se puede producir. Los estados, que tienen el mandato de proteger los derechos fundamentales de sus ciudadanos y más a los más débiles, no están actuando en consecuencia. En el estado español nunca jamás hemos vista campaña alguna como las de la Dirección General de Tráfico que hablen de erradicar la violencia contra los niños. Otra vez el trabajo de las ONG resultará vital. Pero no hay mucho tiempo que perder. En la actualidad, en nuestro país, la campaña de Intervida a favor de las Víctimas de la Explotación Sexual Infantil continúa aunque la ONG no pasa por su mejor momento.
Pero faltan muchas más campañas, mucha más presencia en los medios.
A nivel internacional resultan elogiosos los esfuerzos llevados a cabo por la ONG Women's World Summit Foundation que reparte sus esfuerzos entre mujeres y niños. En noviembre del año pasado presentaron el "Centro de Distribución e información para la prevención del Abuso y la Violencia contra los niños", un centro que funciona en la red. Asmismo, junto con más de 700 ONG de todo el mundo, la WWSF estableció hace seis años el 19 de noviembre como el Día Mundial para la Prevención del Abuso contra los Niños, fecha colindante en el calendario con el 20 de noviembre, Día Internacional de los Derechos del Niño.
martes, 12 de junio de 2007
The Disaster Gypsies
Este es el llamativo título de un libro reciente, que aquí podríamos traducir como "Los Vagabundos del Desastre", que ha aparecido en Estados Unidos bajo el sello editorial Praeger Security International (www.greenwood.com/psi/). El título viene con un subtítulo: "Humanitarian Workers in the World's Deadliest Conflicts".
Su autor, John Norris, actual consejero político de la ONU en Nepal, ha estado en numerosas ocasiones trabajando en ayuda humanitaria en países en conflicto y zonas de guerra de todo el planeta. Ha estado en Ruanda y también en la guerra de los Balcanes. Al inicio del libro habla de sí mismo, de cuando se preguntó si no se había convertido en un "yonqui de los desatres" dado el bajón que experimentaba acada vez que volvía a casa de sus misiones. Dice Norris "volver a mi despacho en Whashington me parecía tedioso y en nada inspirador. Me había enganchado a la adrenalina que fluye en las zonas de guerra".
Norris, por tanto, parte de su experiencia y analiza varios casos de cooperantes y trabajadores humanitarios que ha conocido y que han compartido sensaciones parecidas. Finalizada la etapa que le mantuvo trabajando en guerras casi 6 meses anuales de los últimos 13 años, Norris ha podido autonombrarse miembro "honorario" de la "comunidad de Vagabundos del Desastre". Gracias a ello, ha podido escribir este libro.
Sus principales conclusiones son que los trabajadores humanitarios de las zonas en guerra deben aspirar a una profesionalización y preparación máximas para poder hacer frente a las situaciones que tendrán que vivir. Muchas veces, los cambios en la geopolítica y los movimientos de ejércitos limitan la libertad de las agencias y ONG's para trabajar en una zona en conflicto. Norris señala la invasión de Irak como el caso más flagrante del "olvido" por parte de la comunidad internacional de lo que debía hacerse en ese país y recuerda que desde el 2005 existe un mandato de la ONU, la Responsabilidad de Proteger, que exige a la comunidad una actuación para proteger a los ciudadanos en caso que su gobierno caiga o sea depuesto o borrado del mapa por la fuerza.
John Norris, muy crítico con la política exterior de su país, Estados Unidos, dice también en su libro que "en general todo el mundo ve la guerra como algo muy lejano, que no le afecta. Y mientras tanto, el estado al que pertenecen sigue con su participación en guerras lejos de sus fronteras".
Este es el llamativo título de un libro reciente, que aquí podríamos traducir como "Los Vagabundos del Desastre", que ha aparecido en Estados Unidos bajo el sello editorial Praeger Security International (www.greenwood.com/psi/). El título viene con un subtítulo: "Humanitarian Workers in the World's Deadliest Conflicts".
Su autor, John Norris, actual consejero político de la ONU en Nepal, ha estado en numerosas ocasiones trabajando en ayuda humanitaria en países en conflicto y zonas de guerra de todo el planeta. Ha estado en Ruanda y también en la guerra de los Balcanes. Al inicio del libro habla de sí mismo, de cuando se preguntó si no se había convertido en un "yonqui de los desatres" dado el bajón que experimentaba acada vez que volvía a casa de sus misiones. Dice Norris "volver a mi despacho en Whashington me parecía tedioso y en nada inspirador. Me había enganchado a la adrenalina que fluye en las zonas de guerra".
Norris, por tanto, parte de su experiencia y analiza varios casos de cooperantes y trabajadores humanitarios que ha conocido y que han compartido sensaciones parecidas. Finalizada la etapa que le mantuvo trabajando en guerras casi 6 meses anuales de los últimos 13 años, Norris ha podido autonombrarse miembro "honorario" de la "comunidad de Vagabundos del Desastre". Gracias a ello, ha podido escribir este libro.
Sus principales conclusiones son que los trabajadores humanitarios de las zonas en guerra deben aspirar a una profesionalización y preparación máximas para poder hacer frente a las situaciones que tendrán que vivir. Muchas veces, los cambios en la geopolítica y los movimientos de ejércitos limitan la libertad de las agencias y ONG's para trabajar en una zona en conflicto. Norris señala la invasión de Irak como el caso más flagrante del "olvido" por parte de la comunidad internacional de lo que debía hacerse en ese país y recuerda que desde el 2005 existe un mandato de la ONU, la Responsabilidad de Proteger, que exige a la comunidad una actuación para proteger a los ciudadanos en caso que su gobierno caiga o sea depuesto o borrado del mapa por la fuerza.
John Norris, muy crítico con la política exterior de su país, Estados Unidos, dice también en su libro que "en general todo el mundo ve la guerra como algo muy lejano, que no le afecta. Y mientras tanto, el estado al que pertenecen sigue con su participación en guerras lejos de sus fronteras".
lunes, 11 de junio de 2007
La Convención 124
En 1986, el Consejo de Europa adoptó la llamada Convención 124 que reconoce la personalidad jurídica de la ONG internacionales, es decir, toda las ONG que tienen como mínimo dos países distintos en su ámbito de acción. Esta convención, que puede ser leída en http://conventions.coe.int entró en vigor en 1991, cuando se produjeron las primeras adhesiones de varios estados europeos. Transcurridos 16 años, 11 estados han ratificado el texto: Reino Unido, Holanda, Grecia, Portugal, Francia, Chequia, Eslovenia, Austria, Suiza y Macedonia. España no la ha firmado, todavía. Desconocemos el porqué. Y es una lástima porque ahora mismo, en plena crisis del modelo de ONG que funciona dentro del Estado español, no estaría de más que los dirigentes de estas organizaciones tuvieran, almenos, un punto en común: el que marca el Consejo de Europa. La Convención 124 no es una ley pero es el fruto de un largo trabajo por parte de los representantes europeos y de un destacado grupo de expertos que en 1981 decidieron dotar de personalidad jurídica a las ONG para facilitar su funcionamiento y acción eficaz.
El Consejo de Europa ya había reconocido el papel de las ONG desde 1945, cuando Europa se estaba reconstruyendo tras la II Guerra Mundial y más adelante, incorporó la figura de la ONG en el conjunto de sus agentes consultivos y preveyó el modo como el CE tenía que relacionarse con esas organizaciones. El paso de darles personalidad jurídica va en la línea de dotar a las ONG de mejores instrumentos para su labor. El Consejo define lo que es una ONG y cuáles son sus objetivos y filosofía y les reconoce, por ejemplo, la posibilidad de que puedan crear empresas con el fin de atender las demandas que exige la eficacia de la cooperación en el mundo actual. En definitiva, el Consejo de Europa establece lo necesario para que las ONG sean independientes al máximo de los poderes públicos y por tanto, no sucumban a la "subvencionitis". Europa pensó cómo solucionar los problemas más acuciantes en el día a día de las ONG, así como establecía las exigencias de transparencia en la gestión y en la filosofía.
Aunque España no haya firmado dicha Convención, no estaría de más que los miembros de todas las ONG y también los periodistas que tratan estos temas la estudiaran. Igual resulta inspirador.
En 1986, el Consejo de Europa adoptó la llamada Convención 124 que reconoce la personalidad jurídica de la ONG internacionales, es decir, toda las ONG que tienen como mínimo dos países distintos en su ámbito de acción. Esta convención, que puede ser leída en http://conventions.coe.int entró en vigor en 1991, cuando se produjeron las primeras adhesiones de varios estados europeos. Transcurridos 16 años, 11 estados han ratificado el texto: Reino Unido, Holanda, Grecia, Portugal, Francia, Chequia, Eslovenia, Austria, Suiza y Macedonia. España no la ha firmado, todavía. Desconocemos el porqué. Y es una lástima porque ahora mismo, en plena crisis del modelo de ONG que funciona dentro del Estado español, no estaría de más que los dirigentes de estas organizaciones tuvieran, almenos, un punto en común: el que marca el Consejo de Europa. La Convención 124 no es una ley pero es el fruto de un largo trabajo por parte de los representantes europeos y de un destacado grupo de expertos que en 1981 decidieron dotar de personalidad jurídica a las ONG para facilitar su funcionamiento y acción eficaz.
El Consejo de Europa ya había reconocido el papel de las ONG desde 1945, cuando Europa se estaba reconstruyendo tras la II Guerra Mundial y más adelante, incorporó la figura de la ONG en el conjunto de sus agentes consultivos y preveyó el modo como el CE tenía que relacionarse con esas organizaciones. El paso de darles personalidad jurídica va en la línea de dotar a las ONG de mejores instrumentos para su labor. El Consejo define lo que es una ONG y cuáles son sus objetivos y filosofía y les reconoce, por ejemplo, la posibilidad de que puedan crear empresas con el fin de atender las demandas que exige la eficacia de la cooperación en el mundo actual. En definitiva, el Consejo de Europa establece lo necesario para que las ONG sean independientes al máximo de los poderes públicos y por tanto, no sucumban a la "subvencionitis". Europa pensó cómo solucionar los problemas más acuciantes en el día a día de las ONG, así como establecía las exigencias de transparencia en la gestión y en la filosofía.
Aunque España no haya firmado dicha Convención, no estaría de más que los miembros de todas las ONG y también los periodistas que tratan estos temas la estudiaran. Igual resulta inspirador.
jueves, 7 de junio de 2007
Calma chicha
Después de la tormenta viene la calma. Un mes después de la ola mediática contra las ONG's Intervida y Anesvad y de una sistemática campaña en principio a favor de la transparencia y honestidad de las ONG's en general parece que estas cuestiones se hayan volatilizado de la agenda pública. En efecto, después de los ríos de tinta nos encontramos en el dique seco: la punta morbosa de la cuestión pierde fuelle y por tanto se va desvaneciendo. Pero las cuestiones siguen ahí. No sólo de malas noticias vive el hombre. Las bondades y el trabajo que llevan a cabo todas las ONG, sean "de las buenas" o "de las estigmatizadas", sigue día a día. Porque los desastres en el mundo, lamentablemente, no desaparecen. En el norte nos ponemos a leer periódicos y a escandalizarnos con cierta hipocresía mientras en el sur, las crisis y las situaciones límite siguen. Darfur, el Líbano, Irak... la tragedia sigue día a día y la muerte ronda a los más inocentes e indefensos. Las lacras endémicas del continente africano no han desaparecido: el hambre, el Sida, la desertización. Esta semana hemos sabido que Nigeria ha demandado a la farmacéutica Pfizer por un ensayo clínico que mató a 11 niños: un experimento ilegal mató a esos niños y dejó con secuelas graves a decenas de ellos en el año 2000. Pfizer alegó "urgencia humanitaria" y sin informar a las familias de los pequeños, se aprovechó de su enfermedad para utilizarlos como cobayas. ¿Recuerdan "El jardinero fiel" de John Le Carré? La realidad siempre supera la ficción.
Y otro ejemplo: España acaba de revelar por primera vez a qué países vende armas. Para las ONG ello resulta insuficiente ya que el informe del gobierno no dice cuántas armas vende, con lo que se esconden aquéllas que van a países en conflicto o que vulneran los derechos humanos. Justícia i Pau ya ha revelado que según aduanas figuran como receptores de armas españolas Angola, Colombia, Ghana y Líbano.
Después de la tormenta viene la calma. Un mes después de la ola mediática contra las ONG's Intervida y Anesvad y de una sistemática campaña en principio a favor de la transparencia y honestidad de las ONG's en general parece que estas cuestiones se hayan volatilizado de la agenda pública. En efecto, después de los ríos de tinta nos encontramos en el dique seco: la punta morbosa de la cuestión pierde fuelle y por tanto se va desvaneciendo. Pero las cuestiones siguen ahí. No sólo de malas noticias vive el hombre. Las bondades y el trabajo que llevan a cabo todas las ONG, sean "de las buenas" o "de las estigmatizadas", sigue día a día. Porque los desastres en el mundo, lamentablemente, no desaparecen. En el norte nos ponemos a leer periódicos y a escandalizarnos con cierta hipocresía mientras en el sur, las crisis y las situaciones límite siguen. Darfur, el Líbano, Irak... la tragedia sigue día a día y la muerte ronda a los más inocentes e indefensos. Las lacras endémicas del continente africano no han desaparecido: el hambre, el Sida, la desertización. Esta semana hemos sabido que Nigeria ha demandado a la farmacéutica Pfizer por un ensayo clínico que mató a 11 niños: un experimento ilegal mató a esos niños y dejó con secuelas graves a decenas de ellos en el año 2000. Pfizer alegó "urgencia humanitaria" y sin informar a las familias de los pequeños, se aprovechó de su enfermedad para utilizarlos como cobayas. ¿Recuerdan "El jardinero fiel" de John Le Carré? La realidad siempre supera la ficción.
Y otro ejemplo: España acaba de revelar por primera vez a qué países vende armas. Para las ONG ello resulta insuficiente ya que el informe del gobierno no dice cuántas armas vende, con lo que se esconden aquéllas que van a países en conflicto o que vulneran los derechos humanos. Justícia i Pau ya ha revelado que según aduanas figuran como receptores de armas españolas Angola, Colombia, Ghana y Líbano.
viernes, 1 de junio de 2007
Pistas para el debate
Esta semana el periódico murciano La Verdad ha publicado un artículo en su tribuna que firma Carlos Gómez Gil, profesor de la Universidad de Alicante. El acierto del texto se debe a su oportunidad y a algunas ideas que expone, evidentemente provocadas por la reflexión, cosa que siempre es de agredecer. Acostumbrados a leer más artículos amarillos que textos periodísticos responsables parece que finalmente las voces más serias van ganando espacio de los medios, aunque sea lentamente.
La tesis del profesor Gómez Gil es acertada y clara: el modelo que las ONG quieran establecer para hacer frente al futuro con credibilidad debe salir del debate que estas organizaciones sean capaces de crear. La solución está precisamente en sus manos y es de tipo ideológico: qué es lo que define a una ONG y por tanto, cuál es la esencia que le permite existir y mantenerse. Los decálogos éticos y las auditorías vendrán después. O más exactamente, serán una consecuencia. No una dudosa etiqueta para establecer quienes son los buenos y quienes los malos.
Resulta ilustrativo el retrato que el profesor Gómez Gil hace de las ONG de aquí: entidades jóvenes que se han multiplicado y adolecen de una excesiva dependencia de los recursos públicos. No se trata de una moda pero casi: la solidaridad como producto de márketing evidentemente se deshace ante cualquier crisis. SIn una sólida base de principios y un objetivo definido se pierden esfuerzos y llega el bajón. Y lo que es peor: los que debían recibir ayuda no la reciben o la reciben mal.
El mismo nombre que define a las ONG da las claves de su esecnia: Organización No Gubernamental. La famosa sociedad civil que tantas veces hemos oído es, en los países que nos llevan años de ventaja, el motor de esas organizaciones. Lo que los estados no proporcionan porque no quieren o porque no pueden, los ciudadanos lo trabajan para hacerlo realidad. Un estado no puede ser filantrópico, una persona si. Un ser humano puede saltarse su religión, sus ideas y sus prejuicios con el fin de ayudar a otro ser humano en situación menos afortunada o trágica. Por ahí deben ir los tiros.
Para más información, el artículo al que nos hemos referido se publicó el día 28 de mayo en La Verdad de Murcia.
Esta semana el periódico murciano La Verdad ha publicado un artículo en su tribuna que firma Carlos Gómez Gil, profesor de la Universidad de Alicante. El acierto del texto se debe a su oportunidad y a algunas ideas que expone, evidentemente provocadas por la reflexión, cosa que siempre es de agredecer. Acostumbrados a leer más artículos amarillos que textos periodísticos responsables parece que finalmente las voces más serias van ganando espacio de los medios, aunque sea lentamente.
La tesis del profesor Gómez Gil es acertada y clara: el modelo que las ONG quieran establecer para hacer frente al futuro con credibilidad debe salir del debate que estas organizaciones sean capaces de crear. La solución está precisamente en sus manos y es de tipo ideológico: qué es lo que define a una ONG y por tanto, cuál es la esencia que le permite existir y mantenerse. Los decálogos éticos y las auditorías vendrán después. O más exactamente, serán una consecuencia. No una dudosa etiqueta para establecer quienes son los buenos y quienes los malos.
Resulta ilustrativo el retrato que el profesor Gómez Gil hace de las ONG de aquí: entidades jóvenes que se han multiplicado y adolecen de una excesiva dependencia de los recursos públicos. No se trata de una moda pero casi: la solidaridad como producto de márketing evidentemente se deshace ante cualquier crisis. SIn una sólida base de principios y un objetivo definido se pierden esfuerzos y llega el bajón. Y lo que es peor: los que debían recibir ayuda no la reciben o la reciben mal.
El mismo nombre que define a las ONG da las claves de su esecnia: Organización No Gubernamental. La famosa sociedad civil que tantas veces hemos oído es, en los países que nos llevan años de ventaja, el motor de esas organizaciones. Lo que los estados no proporcionan porque no quieren o porque no pueden, los ciudadanos lo trabajan para hacerlo realidad. Un estado no puede ser filantrópico, una persona si. Un ser humano puede saltarse su religión, sus ideas y sus prejuicios con el fin de ayudar a otro ser humano en situación menos afortunada o trágica. Por ahí deben ir los tiros.
Para más información, el artículo al que nos hemos referido se publicó el día 28 de mayo en La Verdad de Murcia.
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